viernes, noviembre 11, 2005

Nuestra querida mujer...

Fue como ese estado donde aprendí a caminar otra vez, donde el valor mandaba y donde lo real se ofrecía... fue como caer de cara en la idea, en ese pozo que irónicamente nos lleva hacia arriba, a la búsqueda real, el destino verdadero y gracias al cual agradecemos cada vez que vemos la cara sudada de nuestra querida mujer.

Fue desgarrador.