Nuestra querida mujer...
Fue como ese estado donde aprendí a caminar otra vez, donde el valor mandaba y donde lo real se ofrecía... fue como caer de cara en la idea, en ese pozo que irónicamente nos lleva hacia arriba, a la búsqueda real, el destino verdadero y gracias al cual agradecemos cada vez que vemos la cara sudada de nuestra querida mujer.
Fue desgarrador.
Fue desgarrador.
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